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Carlos Lagos y la innovación social: “Más allá de la robótica educativa, lo que realmente me interesa es impactar a las personas rompiendo barreras sociales”



Carlos, un apasionado de la robótica desde que vió Star Wars a los siete años, ha vivido el emprendimiento de manera intensa y sacrificada. Fundó Tecnobotics, un emprendimiento de base científico-tecnológica, enfrentando grandes desafíos que lo obligaron a vender desde el primer día. «Comí menos y dormí poco», resume su experiencia. A pesar de ayudar a otros a ganar Corfo, él mismo nunca ha dependido de estos fondos, creyendo firmemente que “una startup es una empresa que vende, no una que espera subsidios”. A los nuevos emprendedores, les recuerda que «tus metas son sueños que jamás diste por vencidos» y les anima a salir a vender y validar sus ideas en el mundo real. El ecosistema de innovación ha evolucionado, y aunque su camino fue duro, la nueva ola de emprendedores tiene más herramientas y oportunidades para triunfar.

Carlos Lagos es Ingeniero Civil en Automatización y Master en Innovación y Emprendimiento Tecnológico. Tras cerrar su primera empresa, Tecnobotics, Carlos fundó Rebot, que sobrevivió a la pandemia fabricando mascarillas 3D. Hoy, Rebot está fuertemente activa en la robótica educativa y la fabricación digital, con una operación 100% chilena y de manufactura manual. Además, a través del CityLab Biobío, están llevando talleres de robótica a tres escuelas de Concepción. Aunque no se considera un potencial unicornio, Carlos destaca la importancia del ecosistema actual, que permite a los nuevos emprendedores científico-tecnológicos levantar más capital y acceder a más oportunidades que antes.

«Soy uno de los emprendedores de base científica-tecnológica más antiguos de la región del Biobío», dice Carlos, reflejando su experiencia y perseverancia. Carlos recibió en enero del 2024 uno de los 10 premios nacionales ‘’de Innovación Social por el impacto social en su labor emprendedora’ El premio es organizado por la Universidad Andrés Bello y el Instituto Profesional AIEP como representantes en Chile de la organización internacional YouthActionNet, su objetivo es fortalecer el rol de los jóvenes como agentes de cambio en Chile y de esta forma, entregarles mayor protagonismo en la solución de problemas sociales y ambientales.


¿Cuál es tu relación con la robótica y cómo llegaste a involucrarte en este campo?

Tiene que ver un poco con la fabricación digital y la integración de la tecnología desde el punto de vista de la innovación y el desarrollo tecnológico. Creo que esos son puntos que están muy relacionados con lo que yo hago desde la robótica, lo que llevo haciendo desde la robótica. Hace unos años, yo hacía robótica educativa. Ese era mi concepto de lo que me dedicaba. Pero a lo largo del tiempo, a medida que fui entendiendo más sobre el ecosistema, aprendiendo sobre emprendimiento e innovación, y adquiriendo nuevas herramientas, me di cuenta de que, más allá de la robótica educativa, lo que realmente me interesa es impactar a las personas rompiendo barreras, generando oportunidades desde la tecnología, y considerando el vínculo socioeconómico-cultural que tiene la tecnología en los territorios.

Para mí, ha sido muy importante poder darme cuenta de que ese es realmente el impacto de lo que hago. La robótica es solo el medio. No es solo un taller de robótica, sino una manera de generar oportunidades para personas de bajos recursos socioeconómicos y socioculturales. Por ejemplo, gracias a la robótica, algunos jóvenes se abren a la posibilidad de ir a la universidad o moverse de sus áreas rurales a la ciudad, dándose cuenta de que no están tan alejados de la tecnología.

También trabajamos con adultos mayores, quienes a menudo tienen miedo de probar la tecnología. A través de nuestros talleres, buscamos romper esa barrera, enseñándoles que no pasa nada grave si algo falla. Muchos adultos mayores me han dicho que ahora se sienten capaces de usar la tecnología por sí mismos, sin miedo a intentarlo.

-Cuéntame sobre tu inspiración para emprender e innovar. ¿Cómo surgió ese interés?

Mi primer acercamiento a la tecnología fue cuando tenía siete años y mi papá me llevó a ver Star Wars en una discoteca que de día funcionaba como cine en Requínoa. Lo que más me llamó la atención fueron los droides, no los sables de luz ni las naves. Ver a estos personajes secundarios pero importantes me hizo querer tener una máquina que me asistiera, que fuera mi compañero.

Desde entonces, supe que quería dedicarme a la robótica. En la adolescencia, desarmaba cosas en casa para entender cómo funcionaban y luego las volvía a armar. También vendía dulces y juguetes en el colegio para tener algo de dinero. Todo esto me ayudó a desarrollar un espíritu emprendedor sin saber que lo tenía.

En la universidad, estudié en la Universidad del Biobío y me uní al grupo de robótica. Fui presidente del grupo durante varios años y aprendí mucho sobre la gestión y la negociación, además de la parte técnica. Esto me llevó a entender mejor los conceptos de emprendimiento e innovación.

-¿Cómo evolucionó tu carrera después de la universidad?

Después de la universidad, fui a Estados Unidos y pasé por un periodo difícil de auto-boycott, sintiéndome insuficiente comparado con mis compañeros. Pero una compañera de la India me hizo ver que mi presencia allí era valiosa y que tenía un propósito: lograr que más niños como yo pudieran llegar a la élite mundial de la robótica.

Cuando volví a Chile, decidí que debía hacer algo con mi conocimiento y experiencia. Empecé Tecnobotics con algunos amigos, aunque la empresa cerró después de dos años debido a conflictos y falta de madurez. Luego trabajé con el Gearbox de la UdeC, lo que me permitió adquirir más experiencia y decidir retomar mi proyecto bajo el nombre de Reboot, ampliando el enfoque no solo a la robótica, sino también a la fabricación digital.

-¿Cómo fue la experiencia con Rebot?

El proyecto en sí nació desde la UdeC, como parte de la generación 2017 de Gearbox, donde tenía otro nombre y objetivos, pero como parte del desafío emprendedor fue mutando y madurando hasta ser lo que es hoy. Desde 2019 ya tengo una empresa constituida donde mis socios también son exalumnos de la UdeC, uno de Ingeniería Civil Mecánica y otro de Derecho.

Esta empresa de base científica y tecnológica de la región del Biobío se dedica al diseño y fabricación de robots móviles, a la educación de jóvenes, niños y adultos, utilizando la robótica como material didáctico.  Como parte del modelo educativo, entregan contenido de diseño 3D, fabricación digital 3D, electrónica y programación. Además, a otros emprendedores que no tienen las herramientas para el diseño y fabricación de sus prototipos, les brindan soporte, asesoría y arriendo de su maquinaria para fabricar.

Comenta que la pandemia fue muy dura. Tenía proyectos grandes en la región de Ñuble, pero todo se detuvo. Me vi al borde de la quiebra, pero me asocié con Cicla 3D y comenzamos a fabricar mascarillas 3D, lo que ayudó a mantener la empresa a flote. No tuvimos que cerrar, aunque sí redujimos la operación.

Hoy en día, Reboot se está reactivando fuertemente en robótica educativa, además de la fabricación digital. Estamos trabajando con colegios de escasos recursos a través del CityLab Bío-Bío, llevando talleres y kits de robótica a los estudiantes.

-¿Cuál es tu visión sobre el ecosistema de innovación y emprendimiento en la región?

Creo que debemos llegar a un punto común donde haya un hilo conductor de colaboración. Esto no debe demorarse hasta 2040; está demasiado lejos. Las universidades y las empresas deben colaborar más profundamente y superar el espíritu de competencia.

Es vital tener un espacio físico donde los emprendedores científico-tecnológicos puedan reunirse, generar cowork, hacer actividades de difusión y capacitaciones. También necesitamos nivelar los contenidos y tener claridad sobre conceptos como startup, scale-up, y emprendimiento de base científico-tecnológica.

Un Makerspace sería crucial para la región, un lugar donde las personas puedan desarrollar y fabricar sus ideas con acceso a herramientas, conocimientos y materiales. Este espacio es esencial para el desarrollo futuro del emprendimiento científico-tecnológico.

-Para finalizar, ¿Qué mensaje le darías a los estudiantes e investigadores de pregrado que están empezando en este campo?

Primero, perseverancia. Nada se obtiene gratis, hay que trabajar y esforzarse. Segundo, si tienen una idea de emprendimiento, salgan a validar y testear esa idea con el público real. No esperen siempre la validación de entidades grandes como Corfo. Salgan a vender y conecten su solución con quienes realmente la necesitan. Y por último, busquen levantar recursos para mantener su emprendimiento y tener un impacto real en la comunidad.

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